lunes, 21 de enero de 2008



Prólogo del libro "Los delincuentes" de Jorge Queirolo Bravo

Por Marcelo Simonetti U., escritor y periodista

Odio los prólogos. Y creo que, a la mayoría de la gente, debe ocurrirle lo mismo. Los odio por aburridos, por inútiles y por perturbadores. No hay que confiar en los prólogos porque, generalmente, median amistades, afectos, intereses ocultos del prologador y del prologado. Nunca un prólogo demolerá el escrito que precede. No se estila y, en rigor, sería de pésimo gusto. He leído prólogos laudatorios hasta el exceso que lo único que provocan en el lector es aumentar el grado de frustración ante un texto fallido, soso, burdo. Además, me parece una falta de respeto para el lector el que un prologador, encumbrado a esa posición por quién sabe qué mérito o circunstancia, guíe la lectura posterior merced a interpretaciones o influencias que, en algunos casos, no se compadecen con el afán primitivo del autor. Como si fuera poco, este pre-texto convierte la aventura del acto de leer en una mera visita guiada con sus correspondientes problemas. Pero así como odio los prólogos, también me gustan las autoediciones. Esos textos que ven la luz a pesar de que las circunstancias sean adversas. A pesar de la indiferencia de las editoriales. A pesar de que se viva en un país llamado Chile, en donde la literatura es una enfermedad extraña.


Creo, firmemente, que los textos terminan impresos por una voluntad del destino, porque hay lectores que esperan por ellos -sean cinco o veinte mil- o, si queremos ser más surrealistas, porque hay páginas en blanco que tienen que ser llenadas con ese texto y no otro. También celebro los textos honestos, aquellos que no responden a la moda o el estilo de turno. Historias que habitan en la mente de los escritores y que estos, necesariamente, deben vomitar, como los conejitos de Cortázar. Hay algo de esto en los cuentos de Jorge Queirolo Bravo y un nexo, innegable, con la infancia. Alguien dijo que los escritores no hacen otra cosa que recrear la infancia perdida y tengo la certeza de que ese aserto se cumple también en estos cuentos. Uno podrá tener ciertos reparos con ellos, pero es un hecho que personajes como “El Cerradura” o la peripecia de la que da cuenta “El bolso” se parecen a los sueños que nos visitaban cuando éramos niños, cuando la vida era una aventura y se vivía sin prólogos. Jorge Queirolo Bravo es, además, un gran conversador en todas sus formas, incluida la escrita. Durante mucho tiempo sus cartas a la redacción de El Sábado, la revista en la que trabajo actualmente, atiborraron el buzón y, a poco andar, supe que en la Revista del Domingo el fenómeno se repetía sin grandes variaciones. Lo conocí personalmente en una feria del libro de Viña del Mar. Y, extrañamente, las veces en que nos hemos encontrado en la vida siempre ha mediado un libro o un escritor o una conversación en torno a la literatura. Podríamos hablar de él como de un animal literario. Podríamos decir que incluso sufre el Mal de Montano del que habla Vila Matas. No me referiré a sus textos propiamente tal. No cometeré el descriterio de guiar la lectura de sus lectores. Les dejo la aventura a ustedes. Y, en honor a lo dicho, háganme el favor de saltarse este prólogo.

3 comentarios:

bloggerxero dijo...

Nos parecio muy bueno tu blog e interesante el post. Queremos invitarte a que formes parte de nuestro directorio gratuito y dar a conocer el BLOG y los articulos que estan en ella. Animate!! Da de alta tu blog visita directorioblogweb exitos un saludo!

Jorge Luna dijo...

Hola

Felicidades por tu blog

por si te interesa aqui tienes

http://www.muertosinquietantes.blogspot.com/

literatura neovanguardista

¡espero comentarios!

hasta pronto

Macoba dijo...

Que buen prologo!